Visita interior
En el año 1748 fue necesario realizar una obra en la pared sobre la que se asienta el retablo, que fue desarmado.

«Calzar u componer la pared adonde arrima el altar de la Nuestra Señora de los cuchillos, hacer un estribo por fuera para detener la ruina, que amenazaba a toda dicha capilla, componer la Bóveda de hella y hacer toda la sacristía que está a espaldas de Jesús Nazareno»
Agustín Belicia Balboa, párroco (1748)
1.2 Retablo de la Dolorosa

Retablo de la Dolorosa
“Es un retablo hornacina de un solo cuerpo con ático, realizado en madera policromada y dorada. El cuerpo principal se asienta sobre una predela con netos donde se insertan tablas decoradas con ornamentación vegetal realizadas con la técnica de estofados y a punta de pincel. La hornacina central alberga la Virgen Dolorosa. Es una imagen de vestir, de madera con corona plateada, con las siete espadas metálicas que le atraviesan el corazón”.[1]
[1] Flor González Santos, Estudio sobre el estado de conservación de los bienes muebles de la iglesia de Santa María del Azogue en Puebla de Sanabria (Zamora), pag. 1
“La hornacina está flanqueada por dos columnas estriadas, con capitel compuesto, que se apoyan sobre los netos sobresalientes. En los extremos, los elementos sustentantes son pilastras con capitel de volutas. La cornisa tiene una moldura de líneas lisas muy sobresaliente del plano vertical con decoración a damero en su base. Sobre ésta se apoya la hornacina del ático con arco de medio punto, decoración vegetal en remate y pinjantes laterales, propia del estilo barroco. En su interior se emplaza la escultura de madera policromada y de bulto redondo de San Roque”[1].
[1] Ibid. Nota 17 Pág. 4.
Esta imagen de la Dolorosa procesiona el Jueves Santo por la tarde hasta la iglesia de San Pedro. Permanece allí hasta la mañana del Viernes Santo cuando sale al encuentro del Nazareno en la cuarta estación del Vía Crucis.

«En el evangelio según san Lucas encontramos el fundamento de esta representación escultórica».
«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. … Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso; cuando entraban en el templo con el niño Jesús sus padres, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será un signo de contradicción – y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones.”»
(Lc 2, 22. 25b. 27b-28. 34b-35)
En el siglo XVII se dio principio a la celebración litúrgica de dos fiestas dedicadas a los Siete Dolores, una el viernes después del Domingo de Pasión, llamado Viernes de Dolores, y otra el tercer domingo de septiembre.
La primera fue extendida a toda la Iglesia, en 1472, por el papa Benedicto XIII; y la segunda en 1814, por Pío VII, en memoria de la cautividad sufrida por él en tiempos de Napoleón. Esta segunda fiesta se fijó definitivamente para el 15 de septiembre.
La fiesta de ese día hace alusión a siete dolores de la Virgen. El número manifiesta una influencia bíblica, ya que en la Sagrada Escritura es frecuente el uso del número siete para significar la indeterminación y, con más frecuencia tal vez, la universalidad. Según esto, conmemorar los Siete Dolores de la Virgen equivaldría a celebrar todo el inmenso dolor de la Madre de Dios a través de su vida terrena.
De todos modos, la piedad cristiana suele referir los dolores de la Virgen a los siete hechos siguientes: 1º la profecía de Simeón; 2º la huida a Egipto; 3º la pérdida de Jesús en Jerusalén, a los 12 años; 4º el encuentro de María con su Hijo en la calle de la Amargura; 5º la agonía y la muerte de Jesús en la cruz; 6º el descendimiento de la cruz; y 7º la sepultura del cuerpo del Señor y la soledad de la Virgen”.[1]
[1] Faustino Martínez Goñi, Los siete dolores de la Virgen, https://catequesisenfamilia.es (artículo)
San Roque
Esta figura de San Roque situada en el ático del retablo procede de una antigua ermita situada al otro lado del río y contigua al convento de San Buenaventura (actualmente conocida como iglesia de San Francisco), tal y como se puede observar en los mapas de la Villa de 1766.


San Fabián
En los laterales del ático se encuentran San Fabián a la izquierda y San Sebastián a la derecha. Ambas figuras proceden de una extinta ermita de la que desconocemos su ubicación. Así aparece reflejado en los mandatos que realizó el Iltmo. Sr. Dn. Guillermo Martínez, obispo de Astorga, en la visita que realizó a la Villa de Puebla de Sanabria el 4 de octubre de 1822: “En cuanto a la de los santos mártires, San Fabián y San Sebastián que se halla ya tapiada la puerta mando.”[1]
[1] Puebla Libro de Fábrica 1 principia 1732 – 1790 termina. De la iglesia parroquial, Folios 334 al 334 vto. (Archivo Diocesano de Astorga).
San Sebastián
“El papa San Fabián, murió mártir en el año 250, bajo la persecución de Decio y fue enterrado en la catacumba de San Calixto. Y San Sebastián, hijo de padre militar, llegó a capitán de la primera cohorte de la guardia pretoriana, respetado por todos y apreciado por el emperador que ignoraba que Sebastián fuera cristiano de corazón. Simultaneó mientras pudo el cargo de soldado del emperador pagano con el de soldado de Cristo. Esta situación duró hasta que llegó la denuncia, tuvo que escoger una de las dos milicias, y escogió a Cristo. El emperador le condenó a morir asaeteado. Los sagitarios se lo llevaron al estadio del Palatino; desnudo lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de flechas”[1].
[1] Juan Fernando Roig, Año Cristiano -I- enero, Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid 2002) Pág. 395-400.

El culto de San Fabián ha estado siempre unido al de San Sebastián.
Ambos se celebran el 20 de enero, en la festividad de los Santos Mártires. “Se puede afirmar que este ático, así como las tres imágenes son futo de un añadido posterior a la ejecución del retablo-hornacina. Por eso la peana de la imagen de san Roque sobresale desmesuradamente de su emplazamiento.”[1]
[1] Ibid. Nota 17 Pág. 4.
2.2 Retablo del Nazareno
Girando en el transepto en el sentido indicado, nos encontramos con otro “retablo hornacina de estilo manierista de un solo cuerpo con ático. La hornacina central es rectangular con tablas pintadas en laterales y fondo, representando en ésta la figura de la Virgen y San Juan.
Imagen de Jesús el Nazareno
En el interior de la hornacina se encuentra la figura vestidera de Jesús Nazareno portando la cruz. La barba es tallada mientras que el pelo es un postizo, lleva una corona de espinas”.[1]
[1] Flor González Santos, Estudio sobre el estado de conservación de los bienes muebles de la iglesia de Santa María del Azogue en Puebla de Sanabria (Zamora), pag. 8

La cita bíblica que inspira este conjunto la podemos encontrar en el Evangelio según San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio”.
Jn 19, 25-27
“Arquitectónicamente la flanquean dos columnas pareadas de fuste estriado que se apoyan sobre dos netos con un frontal de tabla policromada en el que se representa, a la izquierda, el Descendimiento de Cristo de la cruz y, a la derecha, el Camino del Calvario. Los capiteles son de origen compuesto y sustentan un entablamento con friso decorado con roleos y vegetales a técnica de pincel, cornisa de moldura lisa y damero. Frontón semicircular partido para albergar en su interior una hornacina barroca con profusa decoración vegetal con remate también vegetal y en el centro una cabeza de angelito…
Tras la espalda del Nazareno se puede leer una inscripción en tinta sobre papel que aporta los datos históricos de la escultura. Dice así: “esta echura es de la tercera orden. Porque la Izieron los Terceros a su quenta el año de – 1720″.
Podemos observar que el cíngulo lleva tres nudos que representan los tres votos de obediencia, pobreza y castidad. La tradición oral popular afirma que la imagen fue realizada por los presos con una raíz de saúco. Procesiona el Viernes Santo por la mañana, acompañado por San Juan y a partir de la cuarta estación por la Virgen de los Dolores.
Para descubrir la composición original del retablo, hemos de fijar nuestra mirada en el crucificado situado en el presbiterio en el lado de la epístola. Esa es la imagen que, colocada en el centro de la tabla policromada de la hornacina, compone un Calvario. Es decir, Jesucristo Crucificado, su madre la Virgen María al lado derecho, San Juan el discípulo amado al lado izquierdo, y al fondo Jerusalén y las murallas de la Ciudad Santa.
Este crucificado es denominado de la “Buena Muerte” y es la cruz de guía en todas las procesiones de la Semana Santa.
El interior de la hornacina es de planta en tres planos con cúpula semiesférica con casetones laterales con decoración vegetal tallada en madera dorada y la central pintura sobre tabla que imita un marmoleado. La tabla central del fondo está ornamentada con jarrones y motivos florales. La hornacina alberga la escultura de San José con el Niño, es de madera policromada, de bulto redondo con carnación a pulimento y vestidos decorados con estofado y a punta de pincel. Se asientan sobre una peana que sobresale del plano vertical sustentada por una ménsula vegetal que se sitúa delante del entablamento”.[1]
[1] Ibid. Nota 24
“Fue la espiritualidad carmelitana la que hizo triunfar, dentro y fuera de nuestras fronteras, la devoción al humilde Patriarca. Santa Teresa fue la moldeadora del prodigio. Ella tomó a San José por abogado, cantó sus excelencias, comenzó bajo su protección las fundaciones y puso al cobijo de su nombre los primeros portalitos. Las dos únicas fuentes inspiradas, canónicas, que nos dan a conocer con veracidad absoluta la persona y la vida del Santo Patriarca son los evangelios de San Mateo y de San Lucas. Mateo es el evangelista de la congoja de San José, de los Magos cargados de ofrendas, de la huida a Egipto en medio de asechanzas. Y en Lucas encontramos la escena más esencial, la que puede calificarse como piedra clave en el Evangelio de la Infancia: habiendo oído de labios de la misma Madre de Jesús el relato conmovedor de los misterios del Dios hecho niño, podemos saborear el celeste cuadro de la noche navideña”.[1]
[1] Luis Morales Oliver, Año Cristiano -III – marzo, Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid 2003) pag. 335-343
Contiguo al retablo del Nazareno encontramos un pequeño retablo hornacina que se cree fue realizado por los carpinteros y ebanistas de la Villa con restos de otros retablos y piezas talladas por ellos mismos.
Este sencillo retablo es la ofrenda de aquellos que tienen por patrono a San José.
En la tradición se cita un prodigio con respecto a la vara del patriarca: la vara florecida. Esta forma parte de la imagen clásica de san José y procede muy probablemente de un texto de la Escritura.
“El Señor habló a Moisés: Di a los hijos de Israel que te den una vara por cada familia: doce varas de todos los jefes de familias patriarcales. Y escribe el nombre de cada uno en su vara. En la vara de Leví escribe el nombre de Aarón, pues ha de haber una sola rama por jefe de familia. Las depositarás en la Tienda del Encuentro, delante del Testimonio, donde me suelo manifestar a ti. Aquel cuya vara florezca es el que yo elijo. Así dejarán de llegarme las murmuraciones de los hijos de Israel contra vosotros’. Al día siguiente, cuando Moisés entró en la Tienda del Testimonio, vio que había florecido la vara de Aarón, representante de la casa de Leví: le habían brotado yemas, había florecido y producido almendras” (Nm 17,16-20.23).[1]
[1] Pedro Barrado, ¿Por qué a San José se le representa con una vara florecida? Vida Nueva Digital (Blog: La barba de Aarón 12/5/2021) Artículo.
Continuar con la visita interior.
La explicación se centra en cuatro puntos clave, parte delantera derecha, parte central, parte delantera izquierda y nave central.
